Un estudio liderado por la Universidad de Jaén ha comprobado que el trabajo con el ritmo y el acento refuerza la forma en que se aprende a leer y escribir. Los beneficios se extienden tanto a la población infantil como a personas con dificultades lectoras.
Las niñas y niños que siguen el ritmo con facilidad avanzan mejor en estas competencias. El trabajo específico sobre la acentuación y la cadencia aporta además ventajas a quienes presentan problemas en la lectura o aprenden un nuevo idioma. El acento es la sílaba de cada palabra que se pronuncia con mayor intensidad.
La investigación está dirigida por Nicolás Gutiérrez, investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén. En el equipo participan también Nieves Jesús Valencia y María Auxiliadora Robles, de la misma institución, además de Nuria Calet, de la Universidad de Granada.
Colaboran en el proyecto centros educativos de Jaén y Granada, estudiantes universitarios y la Asociación de Dislexia de Jaén. La dislexia se define como la dificultad para leer, que surge cuando el cerebro tiene problemas para reconocer las letras o comprender el texto escrito.
Para leer no basta con identificar las letras y conocer el significado de las palabras: requiere además una actividad rítmica. El ritmo ayuda a entender los sonidos que forman cada término y a reconocer cómo se colocan los acentos.
Los resultados indican que seguir ritmos lentos facilita la identificación de la sílaba tónica, mientras que los ritmos rápidos mejoran el reconocimiento de los sonidos del lenguaje.
Uno de los hallazgos principales es que la práctica del ritmo hace más sencillo el aprendizaje lector. En alumnos de primeros cursos de Educación Primaria —etapa que va de los 6 a los 12 años—, el trabajo conjunto de ritmo y acentos mejora la lectura de palabras.
Quienes identifican mejor los acentos leen con mayor fluidez: es decir, de forma correcta, sin detenciones innecesarias, con la velocidad y la entonación adecuadas. Esto a su vez favorece la comprensión de términos que no se conocen previamente.
El estudio analiza también la aplicación de estas técnicas en personas con dislexia. Quienes trabajan la acentuación logran mejorar incluso la escritura de palabras que no existen. Los resultados abren nuevas vías de apoyo para personas con dificultades lectoras y para estudiantes de otros idiomas.
El equipo ha estudiado la actividad cerebral durante la lectura y el seguimiento del ritmo, mediante técnicas sencillas y seguras. Las personas con problemas de lectura presentan menor actividad en el hemisferio izquierdo, zona del cerebro que gestiona entre otras funciones la lectura y la escritura. Estimular áreas concretas de esta región facilita la comprensión de palabras menos frecuentes.
Tras más de tres años de investigación, se propone un modelo didáctico basado en actividades rítmicas y de acentuación. Los juegos de ritmo y ejercicios musicales permiten trabajar estas competencias desde edades tempranas.
Actualmente se colabora con otras universidades para extender el trabajo a la Educación Infantil, etapa que comprende desde el nacimiento hasta los 6 años. Se están elaborando materiales adaptados y se prevé trasladar esta metodología a más centros educativos.

